¡Aprendiendo a vivir!

Mi experiencia como voluntaria en Santa Anita-Lima ha sido increíble. Allí he aprendido muchas cosas, tanto de los casos sociales que he visitado con la asistente social del sector, Giovana, como de los niños con los que he compartido mi tiempo allí. Como se suele decir, “las apariencias engañan”, y ahora me he dado cuenta de lo cierto que es, una vez que he ido a un país como Perú. Allí me he dado cuenta de que una sonrisa vale más que mil palabras, de allí he traído tantas sensaciones vividas que ya no soy la misma, he cambiado: mis ideales han cambiado, mis valores y mis metas han cambiado, para mejor.

Para mi ha sido muy importante haber estado con los niños de la guardería, quienes al mínimo cariño y juego que les ofrecíamos, nos respondían de la misma manera pero multiplicado no sabría por cuánto; nos veían por la calle y se abalanzaban sobre nosotros, dándonos un beso y un abrazo muy fuerte y lleno de cariño. Tanto los niños como los adolescentes son encantadores, y me han enseñado tanto de la vida que hasta ahora no me ha dado tiempo de pensar verdaderamente todo lo que implica, y que aunque allí, en un mes, no hemos podido “cambiar el mundo”, sí hemos podido hacerles reír, compartir nuestro tiempo, nuestros juegos…

Antes de irme, quise llevar a cenar a unos cuantos de los mayores fuera del barrio. Fuimos al centro comercial y cenamos en una hamburguesería, ¡estaban todos más contentos! Ese día nos divertimos mucho, nos pusimos a cantar, contar chistes… y me di cuenta de que, lo que para mi apenas costaba trabajo, para ellos era una alegría inmensa y lo recibían muy agradecidos. Esto es lo que me anima a seguir haciendo lo que sea necesario por los demás. Estoy muy agradecida por haber hecho realidad este sueño.

Melissa