De vuelta de los caseríos: Loreto y Fidel nos cuentan

¡Muy buenas de nuevo a todos desde Otuzco, “capital de la fe”!

Así rezan los carteles que hay a la entrada del pueblo, en referencia a que aquí en Otuzco se venera a la Virgen de la Puerta, a la que muchos peruanos tienen gran devoción.

Han pasado 12 ó 13 días desde nuestro último correo y la verdad es que todo ha ido genial desde entonces. Estamos disfrutando mucho la experiencia y tratando de aportar todo lo posible al tiempo que aprendemos muchísimas cosas.

Como os contábamos en el mail anterior, el recibimiento fue cariñosísimo y nos hemos sentido en casa desde el principio. La comunidad se está portando con nosotros fenomenal y eso nos hace sentir muy a gusto. Y además de sentirnos muy a gusto, ¡lo pasamos genial con ellos! Hasta el lunes 6 estuvimos en Otuzco, apoyando en todo lo posible a los grupos y comunidades que se reúnen en los distintos barrios del pueblo y que pertenecen a la Parroquia. Asimismo, estuvimos apoyando a los Padres en todo lo posible en las labores propias del día a día de la Parroquia.

Organizamos una jornada con los niños de comunión en la que lo pasamos muy bien. Hicimos una especie de gynkhana con juegos, canciones, dinámicas, etc. Vinieron alrededor de sesenta niños de entre diez y trece años, y lo pasaron en grande. Nosotros quedamos muy satisfechos de como salió todo. Fue un día muy bonito.

La semana pasada, desde el lunes 6 hasta el sábado 11, estuvimos en los caseríos o aldeas de los alrededores de Otuzco, trabajando dentro de la Misión que por esta época realizan todos los años los Padres para animar las “comunidades del campo”. Otuzco tiene 44 caseríos, que son como pueblecitos muy pequeños o aldeas en mitad de la montaña, en los que las casas están desperdigadas y rodeadas de cultivos o “chacras”, como los llaman aquí. En cada uno de estos caseríos viven fundamentalmente familias campesinas, que se dedican al campo y a la ganadería.

Como podréis imaginar, en los caseríos es donde las condiciones son más precarias, y la gente es súper sencilla en el sentido más amplio de la palabra. Durante esos cinco días hemos tenido la suerte de conocer en profundidad cuatro caseríos (Sangalpampa Alta, Sangalpampa Baja, Usgarat y Ciénego Grande); íbamos caminando de uno a otro y realizando un itinerario cansado pero riquísimo en vivencias, sensaciones y emociones… Toda una experiencia. Hemos conocido a muchas familias, muchas historias personales; digamos que nos hemos “metido un poco” en la vida de esta gente tan sencilla y tan cariñosa del campo.

En ninguno de los Caseríos en los que hemos estado había luz, y en alguno de ellos tampoco había agua. Siendo esto así, podéis imaginar que estos hermanos viven con muy poco, pero salen adelante gracias a su trabajo, y no pierden la fe en ver mejoradas estas condiciones, ya que poco a poco las cosas van cambiando, aunque sea de manera muy lenta. Además, es admirable la normalidad y “alegría vital” con que llevan adelante sus vidas. Es todo un ejemplo.

Cada uno de los días hacíamos tres cosas:

  • Visitar las casas del Caserío, por la mañana, para dar a conocer la misión e invitar a todos a participar en ella; algunas casas estaban lejos y en todo lo alto del “cerro”, pero merecía la pena hacer el esfuerzo y llegar.
  • Organizar un “encuentro” con niños a primera hora de la tarde. Durante hora y media o dos horas, hacíamos juegos con los niños, dinámicas, canciones e incluso alguna manualidad… Era sin duda el rato más divertido y lo pasamos en grande. ¡Los niños eran punto y aparte!
  • Celebrar la Palabra: el día culminaba con la celebración de la Palabra en la Capilla (en caso de haber) o en la Escuela. Ya era de noche, ¡por lo que las Celebraciones han sido todas con velas! Era un rato para compartir, y también para que nosotros como misioneros pudiésemos animarles y darles nuestro apoyo, compartir con ellos pequeños consejos que pudiesen servirles para seguir creciendo como comunidad.

De las mejores cosas que nos quedamos de esta experiencia ha sido convivir con estas familias, dormir en sus casas, conocer sus historias y comprobar que el mundo sería otro si todos fuésemos un poco más hermanos de nuestros hermanos, si fuésemos más justos, más solidarios. En definitiva, si nos preocupásemos más de como viven y de que necesidades tienen los que están al otro lado del planeta (o al otro lado del barrio, que también se da el caso). Hemos comprobado que la pobreza no es solo una cuestión material, sino también cultural, educativa, afectiva… es difícil de explicar. Pero la conclusión sería lo que mencionamos al comienzo de este párrafo, que todo tiene que ver con lo mal repartido que está el mundo. No podemos olvidarnos cada día de aquellos que sufren, ni tampoco podemos olvidar dar las gracias a Dios por todo lo que nos ha regalado y nos sigue regalando cada día.

Además de todas estas vivencias, también nos quedamos con ver, al salir de las celebraciones, un cielo en el que no podían caber más estrellas… ¡Increíble! Creo que nunca vimos nada igual. Nos quedábamos sin palabras; y ahí, mirando al cielo, nos acordábamos de todos vosotros, y de nuestra vida “normal”, porque las estrellas son las mismas aunque en unos lugares se puedan ver preciosas y en otros apenas podamos disfrutar de ellas. Junto con las estrellas, y una vez que amanecía, disfrutábamos en cada caminata de unas montañas imponentes, majestuosas… ¡Los Andes, menudos paisajes! Os mandamos un par de fotos, ¡ya os enseñaremos más!

Y nada, no quiero alargarme ni aburriros más. Solamente esperamos que os vaya a todos muy bien, y esteis disfrutando como mereceis el verano, ¡ya sea de vacaciones o esperándolas!

Os agradecemos a todos vuestro apoyo y cercanía, os tenemos muy presentes a cada momento. Muchísimos besos y abrazos para todos. ¡Seguimos en contacto!

Loreto y Fidel