Mucha gente pequeña dispuesta a cambiar el mundo en la Formación de Voluntariado

Ana Zafra, Granada

Grupo de voluntarios de AS Granada (Foto: Dolo Ortiz)

Grupo de voluntarios de AS Granada (Foto: Dolo Ortiz)

El fin de semana del 22 al 23 de febrero en la parroquia del Santísimo Redentor de Madrid tuvo lugar el curso de formación de voluntariado organizado por Asociación para la Solidaridad. Una oportunidad para conocer las diferentes realidades que nos rodean y cómo actuar ante ellas; compartiendo con personas “pequeñas” pero con ganas de “cambiar el mundo”, como decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano.

La mañana del sábado comenzó con Miriam Jiménez exponiéndonos las causas de la pobreza en el mundo; causas políticas, económicas, estructurales, sociales, culturales. Causas que hacen que la mayor parte de las personas vivan en exclusión e inequidad. A veces, estos motivos que causan la pobreza se convierten en parte de nuestra cotidianidad y no sabemos muy bien cómo afrontarlos porque creemos que no tenemos medios suficientes para ello.

Pero ya lo decía Eduardo Galeano “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”. Y en aquella sala Liguori nos congregábamos más de 60 personas dispuestas a cambiar el mundo, preparadas para construir el Reino, siempre desde la alegría de Evangelio.

Asistentes a las primeras jornadas de la mañana (Foto: @asolidaridad)

Asistentes a las primeras jornadas de la mañana (Foto: @asolidaridad)

Así nos lo mostró Pedro López, provincial de los Misioneros Redentoristas de España, que nos contó cómo ser voluntario en el contexto de la exhortación apostólica del papa Francisco Evangelii Gaudium, ya que todos llevamos dentro esa alegría y esa felicidad de habernos encontrado con Jesús en nuestra vida y parte de ese encuentro está en saber que el que está a tu lado también es hijo de Dios y por lo tanto tu hermano. Y no sólo es necesario darle de comer si tiene hambre, también es necesario acompañarle y escucharle con misericordia y con paciencia.

En la tarde del sábado nos presentaron las realidades de los distintos campos de misión, Perú, África y Centroamérica. Noelia, Antonio, Alfonso, Bea y Dolo nos hablaron de la situación social y geográfica de cada país y de los diferentes proyectos que se han llevado a cabo. Lo que más destacaron los voluntarios es que en estos lugares uno aprende sobre la relatividad del tiempo y a ser feliz con las pequeñas cosas que nos ofrece la vida.

Grupo de voluntarios en el exterior del Santísimo Redentor (Foto: @loveneslospeces)

Grupo de voluntarios en el exterior del Santísimo Redentor (Foto: @loveneslospeces)

Nos contaban parte de su experiencia con tal entusiasmo y tal pasión que a más de uno le entraron ganas de coger el primer avión e irse de misión a pesar de los “problemillas” con las maras, las guerras y con algún que otro insecto digno de aparecer en el programa del último superviviente. Y entre testimonio y testimonio, Ana García nos maravilló con unos cuentos en los que aprendimos cómo puede cambiar la vida de un pueblo con una simple sopa de piedra y la historia de la pequeña Pitingui, con una canción que a más de uno aún le suena en la cabeza. Porque los cuentos están hechos por la necesidad del ser humano de encontrarse, de amar y de ser amado.

La mañana del domingo la dedicamos al desarrollo sostenible y al medioambiente como eje transversal del desarrollo humano. Mario Navas nos enseñó la necesidad de una buena planificación para producir sostenibilidad social y ambiental, ya que la calidad de la persona y la calidad medioambiental están íntimamente relacionadas. Para finalizar este bloque del curso, Yolanda Polo nos habló de equidad de género y de una necesidad absoluta de igualdad entre hombres y mujeres, un tema un tanto polémico del cual aún queda mucho por hacer.

Mario Navas durante su ponencia (Foto: @asolidaridad)

Mario Navas durante su ponencia (Foto: @asolidaridad)

Este ha sido un fin de semana intenso en el que hemos aprendido sobre la importancia del voluntariado y el desarrollo pero en el que también ha habido tiempo para compartir buenos momentos con personas capaces de dar lo mejor de sí y hacer de este mundo algo mejor siempre desde la alegría de sabernos llenos de la ternura de Dios.