Tres historias de solidaridad

María, en su exposición en el Perpetuo Socorro

María, en su exposición en el Perpetuo Socorro

Enrique Ordiales, Madrid

La revista Icono se hizo eco del encuentro organizado por el Grupo de Voluntariado del Perpetuo Socorro y Asociación para la Solidaridad en el que tuvimos tres testimonios solidarios de experiencias de voluntariado. Los de Nuria, Ana y María, que pasaron parte de su verano en Etiopía, Albania y Valencia. Estas son sus experiencias.

Nuria Gallegos. ONG GAMO OFA

Nuria es madre de familia y vive en el barrio de Chamberí. Este verano, después de pensarlo durante mucho tiempo, decidió pasar 8 días en Etiopía. “Era algo que tenía muchas ganas de hacer, pero no veía el momento”, explica. Pero, finalmente, tomó la decisión y buscó un hueco en sus vacaciones: “Organicé la casa y a mi familia, y me fui con la ONG Gamo Ofa para colaborar en un campamento de verano que se organizó en un orfanato”.

Al llegar, lo que más le sorprendió fue el cambio de perspectiva porque “su visión de futuro no llega más allá del día siguiente”. Comenta Nuria que allí “las preocupaciones son si podrán mantener a sus hijos o evitar que su casa se queme. Sin embargo, los problemas a los que yo estaba acostumbrada era que cerraban la línea 1 de Metro”.

Nuria Gallegos: “Podemos ayudar mucho cambiando cosas pequeñas”

Precisamente, los incendios fue otra de las circunstancias que sorprendió a la voluntaria porque “ves casas destruidas y a mucha gente con quemaduras. Las viviendas son de madera, y en el centro siempre hay un fuego”. De hecho, Nuria conoció a un grupo de alemanes que llevaban una máquina para hacer ladrillos de adobe “e intentar que dejen de construir con madera”. También animó a que fuese todo el mundo a vivir experiencias parecidas “porque podemos ayudar mucho cambiando cosas pequeñas. Cuando me acostaba, no lo hacía cansada por el trabajo, sino por todas las emociones del día”.

Ana Domínguez. ONG ASOCIACIÓN PARA LA SOLIDARIDAD

Ana Domínguez expone su experiencia de voluntariado

Ana Domínguez expone su experiencia de voluntariado

Ana es una joven de la parroquia redentorista del Santísimo Redentor de Madrid que pasó 15 días del mes de agosto en la misión que tienen los Redentoristas en Albania para apoyarles en sus tareas. “Fue una experiencia en la que se apreciaba la huella redentorista en el día a día”, comenta. Lo primero que le llamó la atención del país fueron los edificios: “Se ven bloques sin terminar de construir, los mercados se parecen a los mercadillos ambulantes de España…”.

De la misión redentorista destaca su experiencia en la Parroquia de Luz porque “para llegar a la iglesia hay que cruzar, como mínimo, una carretera. Yo lo vi en verano, con los caminos secos; pero la gente también va en invierno, haga frío o llueva. Aquí nos da pereza ir a misa al lado de casa”.

También le ha impactado cómo se portaba la gente: “Aunque fuesen muy pobres, si ibas a visitar una casa, compraban algo para ofrecerte. La mayoría viven de lo que cultivan en sus huertos, y solo van al mercado en situaciones puntuales, así que su dieta no es variada”. La gran diferencia cultural que apreció fue el trato a la mujer, que todavía está muy poco valorada en la sociedad albanesa.

María Moya. ONG ASOCIACIÓN PARA LA SOLIDARIDAD

María pertenece al grupo Scala de jóvenes adultos de la parroquia del Perpetuo Socorro de Madrid. Vivió su experiencia de solidaridad este verano en el barrio de Nazaret en Valencia, acompañada por la comunidad redentorista. “Allí te das cuenta que no tienes que irte muy lejos para enfrentarte a la pobreza”, remarca. Una de las actividades en las que participó fue un campamento en el Colegio de los Desamparados. “El barrio es muy acogedor, pero te encontrabas con realidades muy duras. Al llegar, un profesor del centro nos explicó situaciones de algunos niños que teníamos que tener en cuenta al tratar con ellos”.

María: “No tienes que irte muy lejos para enfrentarte a la pobreza”

La actividad empezaba a las 9 de la mañana, y el campamento terminaba a la 1 de la tarde, y los niños eran los propios alumnos del colegio. “Los más mayores nos ayudaban a los monitores, y así se involucraban más en la actividad. Veíamos muchos choques culturales porque hay familias de distintas etnias y nacionalidades, pero eso también nos enriquecía a nosotros”. Además del campamento, María también comprobó cómo los Redentoristas, junto con otras asociaciones como Cáritas, desarrollan proyectos para apoyar a las mujeres que ejercen la prostitución, ofreciéndoles formación para que puedan incorporarse al mundo laboral.